Una corriente de aguas negras se ha destapado en torno a la administración pública. La pestilencia afecta el entorno. El desagradable vaho ha causado una especie de exaltación ética, como si fuera una borrachera por aspiración. Todos a una han emprendido una cruzada contra las pensiones, jubilaciones y otros estímulos privilegiados a los que han servido bajo la sombra del erario. Esas aguas negras ya han provocado una víctima: Ivanhoe Ng Cortiñas.
Este fue destituido luego que renunciara a su privilegiada mesada como ex de la Superintendencia de Bancos. Hay otros que pensionados cobran sueldos, se han identificado algunos que sin tener los años de servicio al Estado o carentes de la edad meritoria para pasar a retiro, lo han logrado. Ahí está la piedra de toque. Pero es un asunto ético más que legal.
A simple vista se entiende que la cloaca de las pensiones ha discurrido por debajo del cuerpo visible del país político. Ya esto es un mal endémico. Los que están actualmente en el candelero, en la tablita de picar carne de la opinión pública, esos que alimentan el morbo no fueron los creadores de la genialidad. Ellos aprovecharon la fisura así como lo hicieron sus predecesores; los que actualmente ocupan los cargos tienen silencio de piedra, convencidos de que es otro escándalo que pasará de moda. La rutina tapará esa cloaca. No pasará de ser un olor desagradable que se lo lleva el viento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario