De vez en cuando salta a los titulares de los periódicos que otro imputado de narcotráfi co es reclamado por las autoridades de Estados Unidos. Y se lo llevan. Algunos son tan tontos que hacen resistencia al pedimento. Como si les sirviera de algo el pataleo. Estos eventos son cosa tan común como los dominicanos que llegan deportados por haber incurrido en delitos. A unos se los llevan. Deportan a otros. Los que ahora se llevan luego vendrán deportados. Es un sin fin judicial. Me cuentan que en el país viven dominicanos de origen que son agentes del FBI. Su tarea es la búsqueda y captura. Su labor es más fácil porque hablan el idioma y pasan inadvertidos por la pinta. También podrían estar caza recompensas que son estimulados por las aseguradoras que abonan las fianzas. La policía norteamericana llegó para quedarse mas sabiendo que el narcotráfico penetra en los persecutores locales entorpeciendo las gestiones .
Sabemos que la maquinaria de atrapar y deportar está aceitada. Es una combinación de dobleplay. Ubican al imputado, gestionan con la justicia dominicana y out. La colaboración internacional es cada vez más estrecha, y eficiente son los protocolos de identificación como las cédulas con todos los periquitos, teléfonos celulares que indican a la policía donde estás en cada segundo, correos electrónicos donde ingenuamente cuentas tu vida y milagros.
Los delincuentes y sus familiares están cercados en el mundo moderno. Los norteamericanos debían contratar para viajes fi jos una línea aérea porque entre los que delinquen aquí afectando allá y los que operan allá para venir a vivir aquí, hay un tráfi co frecuente que justifi caría la Wanted Air Lines.
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