El Partido de la Liberación Dominicana está en el poder, inició su congreso y tiene en marcha las candidaturas presidenciales.
El Partido Revolucionario Dominicano está abajo, no ha podido reunir a su Comité Ejecutivo y están perdidos en el espacio los que buscan las candidaturas.
Entre uno y otro están los miembros del Partido Reformista Social Cristiano que tienen fecha fija para iniciar los trabajos para el 2016 y escoger su entramado legal.
Resalta que entre los dos partidos grandes hay diferencias.
En uno se ve claro que quiere mantenerse en el poder. Que trabaja para repartirse la administración del presupuesto nacional y que cuenta con una ringlera de candidatos de uno y otro sexo. Mientras del otro lado se observa un hatajo de voces, disidentes de su propio partido que quiere seguir viendo sus errores como un elemento causal externo. Eluden cumplir con una máxima que reza: profundizar lo que nos une y posponer lo que nos divide. Por eso van destruyendo su propio inventario de líderes.
Los peledeístas no son dables a la exposición de sus dificultades. Ahora mismo ven que la dirección quiere poner en práctica el gigantismo para hacer más fácil el ejercicio de la plutocracia y se quedan, o aparentan estar callados. La ampliación de los organismos a lo único que conduce es a la disfunción pero así complacen los reclamos de premios o promociones. Pero en las aceras nada se escucha como aversión. El PLD tiene paredes insonoras.
Los reformistas han vuelto a batir su cóctel de entendimiento. Saben, que les conviene tener o aparentar unidad. Hablan de llevar candidatura propia que luce con ser un farol de jugador. En la política más que en nada es válida la bisutería. Como quieran que vayan, solo o acompañados, saben los colorados su valor de mercado: nadie gana sin ellos. Ese cinco por ciento pesa oro. Tienen algo tan valioso como la Barrick de Pueblo Viejo.
Así están las organizaciones relevantes. Los pequeños se clasifican entre rémoras cuatrianuales, los que condenados al enanismo por abulia y uno que otro sueño de una noche de verano. No se observa crecimiento. Un vistazo a unos y otros muestra un balance donde se puede apostar a ganador, aunque lo que reditúe sea ínfimo.
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