La emoción es como la espuma, a veces desborda el envase.
Cuando un hecho es de gran impacto en la sociedad, sobre todo crímenes horrendos, la repulsa sube como la marea en temporada ciclónica.
Nosotros, como continentes de las normas sociales debemos ser las anclas constitucionales, sin embargo nos sumamos a la ira y atropellamos con nuestras voces y actitudes los más jurados principios que tenemos para defender. A esta emocionalidad no escapamos, sin importar el rango ni cargo.
Hay la declaración de que la cárcel no es un espacio de venganza social.
Otro principio reza que todos somos inocentes hasta condena irrevocable.
Una máxima olvidada es que acusar no es probar.
Pero cuando el crimen es horripilante queremos sangre, la venganza asume la primera petición. Nuestro reclamo es imponer la pena de muerte, incentivar los intercambios de disparos, hacer juicios sumarios. Presionar a los jueces para que sean drásticos.
La justicia se encarna en los jueces. La justicia es la parte que sanciona a los autores de daños al entramado jurídico y así como condenan pueden ser condenados porque hay corrupción en la sociedad y también en la justicia. Quizá en menor grado. Los magistrados de nivel superior deben arrimar mejores controles en todos los niveles para evitar los deslices.
Es posible que nunca erradiquemos del ámbito de la justica el prejuicio que nos lleva a ser jueces severos desde nuestras casas, con ideas de culpabilidad alimentadas por crónicas incompletas o investigaciones inconclusas y hasta chapuceras. Sin embargo, las altas instancias sociales deben trabajar desde sus áreas de responsabilidad para hacer más eficiente la actuación de los medios coercitivos.
Cuando el oficial arenga a la tropa para que sea inclemente o rigurosa en su actuar puede estar incentivando al atropello. Sin querer, obvian los niveles de percepción de las cosas de parte de los subalternos.
Los jueces son humanos y pueden cometer errores. Hay una cacería contra los códigos como si fueran facilitadores delincuenciales y dejamos de mirar que el tribunal es donde se cuela el trabajo de la acusación. La prevención y un programa de seguridad pública ayudarían a que baje la tensión en el ámbito judicial. Es urgente contar con equipos humano y técnico eficientes que articulen acusaciones sólidas.
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