jueves, 22 de agosto de 2013

24 Abril, 1965 (7)


La deserción de Molina Ureña dejó acéfalo el gobierno constitucionalista y los méritos en combate del coronel Francisco Caamaño lo catapultaron. El profesor Juan Bosch delegó en él sus derechos constitucionales y el congreso se reúne de emergencia y lo proclama como Presidente de la República. Esta jugada política aglutina a los militares alrededor de uno de los suyos y aproxima más a los revolucionarios con los hombres de uniforme.
En el mundo la noticia de la revolución dominicana iniciada por militares constitucionalistas copó los titulares. Con la invasión norteamericana el conflicto tomó mayor dimensión en los medios. Además de Vietnam los marines combatían en otro frente. Lo usual era que militares alentados por Norteamérica derribaran gobiernos legítimos. Aquí ocurría lo contrario. En la geopolítica la situación era preocupante. Esta isla es vecina de Cuba. Los políticos del Tío Sam querían cortar por lo sano.
Después de la avanzada militar que llegó con el cuento de proteger vidas y propiedades, para lo que montaron un cuartel de asilos en el hotel El Embajador, los Estados Unidos iniciaron una campaña internacional por presunta presencia de comunistas infiltrados en la revolución, que estaban matando monjas en el parque Independencia. Al mismo tiempo aviones con altoparlantes sobrevolaban la zona constitucionalista difundiendo esta farsa y alentando a los rebeldes a rendirse. El poder lo usaban en diferentes frentes.
En el plano militar el presidente Lyndon Johnson ordenó el desembarco de 42 mil soldados de la 82 División Aerotransportada mientras que unidades de la flota naval bloqueaba Santo Domingo y disparaba a blancos seleccionados. Para afianzar su control con la desatada Operación Power Pack en la invasión involucraron a gobiernos títeres. Brasil envía mil 250 soldados; Honduras, 250: Paraguay, 214; Nicaragua, 174; Costa Rica entregó 20 policías. Esta mascarada fue igual a la presencia de los soldados dominicanos enviados por Hipólito Mejía a Irak para darle sustentación a la invasión de Estados Unidos.
El 27 de abril fue un día de gloria para los combatientes y también el último día de la guerra civil. La invasión de tropas norteamericanas el día 28 convertiría el conflicto en una guerra patria. Ya no era una revolución triunfante que había aniquilado las fuerzas de Elías Wessin y Bartolomé Benoit, sino una lucha contra el papá de los militares corruptos, Goliat. 

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