En los actos de recordación de su gran líder, el doctor José Francisco Peña Gómez, los dos bandos en disputa pudieron acordar las zonas de homenaje. Y lo respetaron. Miguel Vargas Maldonado acompañado de la viuda y los dirigentes con que afina en el PRD estuvieron en la Iglesia de Las Mercedes. El templo de la Patrona es la preferida por los blancos. En el cementerio estuvieron los de Hipólito Mejía tal como dije la semana pasada que ocurriría.
Los partidarios de Luis Abinader parece que se perdieron en la multitud o pasaron inadvertidos porque no son polémicos.
A propósito de Abinader, me mandó un mensaje aclaratorio. Él no hizo plancha ni tampoco desoyó una invitación al diálogo con Miguel. Me confiesa que aún aguarda que lo convoque a un diálogo unitario porque lo que es él, está siempre en esa disposición.
Habría que ver la voz de MVM para saber si está en la misma tesitura con Abinader que con sus pares. En este lío de ‘dicen que dijo’ puede haber oculta una patraña. Siempre me decanto por la unidad, es más fácil estratégicamente y para que Miguel se entere de que Abinader está dispuesto al diálogo, repongo sus líneas, por si acaso los ojos del presidente del PRD han estado sordos para sentir el gusto delicado que arroja el abrazo fraterno de un amigo con diferente punto de vista.
Dice Abinader: “Leí, como de costumbre, tu columna de hoy: ‘Abinader en pleito de elefantes’. Gracias por tenerme siempre en cuenta. Todos los que me conocen saben que siempre estoy abierto al diálogo. En el caso del PRD, al fallar la mediación interna, busqué la mediación de monseñor Agripino Núñez Collado en agosto del pasado año y después la del Cardenal en enero de este año. He firmado dos cartas aceptando mediación. De manera privada y pública he solicitado entrevistarme con el presidente del PRD, Ing. Miguel Vargas”.
“Ante la apertura al diálogo, tengo la esperanza, casi la seguridad, que en los próximos días el Ing. Vargas aceptará reunirse con nosotros y gustosamente acudiremos. Un fuerte abrazo, Luis Rodolfo Abinader.”
Estas líneas despejan. También abren las ventanas de la comunicación.
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