Nuestros procesos políticos están encadenados. Un misterioso juego de dominó los ha conectado para generar jornadas heroicas en las que el amor por la libertad que se anida en el corazón de cada dominicano ha brotado con fuerza por cada poro social.
Toda la vida política del régimen de Rafael Leonidas Trujillo estuvo jalonada por episodios de lucha. La cruenta represión que desató no acalló las voces de protesta, sino que, por el contrario, los hijos de los privilegiados de la tiranía se sumaron a las luchas. Luego, los propios padres. La sangre derramada se lavaba con nuevas acciones y sacrificios.
Un rápido vuelo mental nos pasea desde Luperón a Constanza y el 30 de Mayo estimuló la Guerra de Abril. Hombres y mujeres. Diferentes lugares y épocas y un hilo conductor: la libertad.
Futuras generaciones se sumarán a los próximos episodios. La dinámica social y los intereses provocarán nuevos conflictos y otra vez volverán los dominicanos del futuro a caminar los caminos de lucha.
La experiencia de Abril es que, a partir de allí, se ha ido vertebrando un proceso electoral con más o menos credibilidad y se ha ido acentuando la paz social. Los líderes y políticos del sistema han conducido la Nación eludiendo las confrontaciones antagónicas. Pero no hay garantías. Podemos seguir acentuando estos procedimientos con mayor educación ciudadana. Que haya más control del uso del presupuesto y la transparencia sea la norma.
La educación cívica no es tarea únicamente para las escuelas. Los museos y las instituciones que consagran las gestas patrióticas forman parte de ese culto a la paz. Enseña y mantienen vivo el recuerdo. Se aleja la actuación errónea.
Por eso, la Revolución de Abril requiere de su museo. Un espacio que concentre todo lo que significó este jalón de la vida política nacional. Un lugar donde estén escrito los nombres y episodios de esta epopeya.
En la calle El Conde, que fue escenario de todas las luchas pos trujillismo, está el Edificio Copello. Allí, donde por años funcionó la emisora HIZ, la Radio Santo Domingo de la Guerra, también estuvo la Presidencia de la República, las oficinas de guerra del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó y todos los valientes que le acompañaron. El presidente Medina puede rescatar este patrimonio.
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