Desde que un ciudadano obtiene el certificado de Presidente de la República en derredor, prende la idea de la reelección. Primero son sus allegados. El cerco se va cerrando. Un dogal de ambiciones atenaza el ego de la víctima. Aunque está rodeado de gente, las ambiciones acallan las internas voces de la prudencia. Nada se escucha. A veces se mienten a sí mismos, otros son descarados. Confían en que sus manejos harán lo requerido y cada paso se encamina a otro período. Tienen razón en su deseo. Cuatro años no son nada si estás en el poder.
En el mentidero político, como una lámpara votiva se siente el calor de la reelección.
Unos temen, otros rechazan. Algunos especulan. Pero nadie descarta de plano sinceramente. Hay la duda. Cuando se está con mucha popularidad este clamor acuna una sospecha. El continuismo se mece en la hamaca del éxito. Los más temerosos de la reelección son los que están lejos de la ubre nacional. Estos, como posesos, reclaman el cumplimiento de un presunto y obligado ciclo de cambio. Se endrogan con la dorada pastilla “alternabilidad”.
En el caso actual se elude el freno de la Constitución que obliga a una pausa cuatrienal. Se está planteando la fórmula del plebiscito para vestir la continuidad de Danilo. Voces en favor y en contra se cuelan con ideas salvadoras de la dignidad pero que permitan la maroma. Los más allegados al Presidente son quienes con más calor desmienten la especie. Aseguran que ‘el Hombre’ no está en eso.
En realidad toda la ringlera de ideas en torno al tema tiene su asiento en la actuación de Danilo. Su hacer lo lleva en escala tonal hacia un arrebato. Un año de gestión casi termina y están más altos sus números al principio. Es natural que desde el templo oficialista un coro anónimo, con las luces apagadas, entone un canto gregoriano: ¡Salve, salve, salve!
La gestión gubernamental está inmaculada. No hay dónde darle un pellizco. Además el clima político está terso. Desapareció el temor a que maten, deporten o encarcelen los opuestos a la reelección. Esas acciones primitivas están conjuradas. Danilo es un hombre de Estado con la cabeza bien ordenada. Para nada me sorprenden sus logros y triunfos.
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