viernes, 23 de agosto de 2013

No jueguen con Danilo


Danilo aparenta callado y tranquilo, casi manso y tierno. Un querubín. Y no lo es tanto. Cuando hablo de Danilo no me refiero a un amigo del barrio sino al Presidente, al líder de los dominicanos, pero decir solo el nombre es para hablar en confianza. Casi para presentarlo en sociedad. Estoy hablando bien de una persona que no le gusta que le pisen los callos. Es un aviso a organismos internacionales subvencionados por intereses foráneos, a políticos del exterior y cómplices internos de la labor de zapa.
Este cierre de la frontera comercial, más que un portazo en las narices es simulación de los haitianos. En realidad es otra edición ampliada, con chantaje incluido, de las presiones para que repartamos actas de nacimiento, cédulas y pasaportes a todo el que lo pida. Todo lo que se diga en otro contexto no es más que patraña.
El momento político no favorece la puesta en escena del esperpento montado por el gobierno de Haití. Unos días antes de iniciar el boicot a los pollos y huevos el presidente Martelli le hizo un teatro a Danilo. Se le reía en su cara o a sus espaldas, pero se reía. El mandatario haitiano quizá no sepa que su colega de este lado de la frontera es, sobre todo, leal y reclama lo mismo. Tampoco olvida.
Clausurar la compra y venta de huevos y pollos afecta a los dos pueblos. Subirá el precio en Haití por el desabastecimiento. Algunos comerciantes harán su agosto en junio. Aumentará el contrabando fronterizo. Se harán diligencias de ambas partes para buscar suplidores y compradores de emergencia pero en lo político hay otras consecuencias.
Si el gobierno dominicano inicia una tanda de deportaciones de ilegales, se le enviará una población adulta que reclamará servicios, productos y empleos que Haití no tiene. Estos, que son remesadores, ahora se convertirán en carga. Ellos y sus familias serán  acusadores del régimen de Martelli por crearles un problema. También se podría cerrar la frontera con otras consecuencias comerciales. Y eso es sólo calentando el brazo.
La “camiona” podría estar encendida. El ministro de las Fuerzas Armadas, Sigfrido Pared,  ya tiene la guardia en las calles.

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