Si fueron buenas las tácticas empleadas por Hipólito Mejía para lograr su objetivo estratégico de seguir siendo candidato presidencial, es algo que se verá al final. Nada más perder en la campaña de mayo pasado HM se proclamó líder de la oposición para eternizarse como aspirante por el PRD. Su único obstáculo era Miguel Vargas Maldonado. Tenía que sacarlo del curso e inmediatamente inició acciones a tales fines sin tomar en cuenta las facultades estatutarias o los procedimientos legales.
Una tras otra las tácticas empleadas se han derrumbado. El estado de derecho que rige el país ha sido un freno, pero eso no es pared que Hipólito no pueda saltar. Continúa adelante en sus escarceos con viento fresco. Según la ley no es miembro del PRD. Eso poco le importa. Ni a sus aliados, entre los cuales están sesudos letrados. Al fin y al cabo de lo que se trata es del tomar y todo se vale.
No es que HM carezca de oficio y se dedique a horadar la pista. La estrategia es incidentar los procesos del PRD para impedirle a MVM sacar adelante su agenda. Cada vez que el presidente del colectivo blanco ha tenido a punto la reunión del Comité Ejecutivo, un ardid se convierte en nueva acción retardatoria. Lo quieren llevar a la ilegalidad, empujarlo hasta el año próximo cuando el PRD quedaría acéfalo por expiración y se recurra a una negociación en otras condiciones.
Si yo fuera Hipólito, que no lo soy, me hubiera quedado en el PRD con Miguel como presidente y hubiera realizado las mismas maniobras del pasado para quedarme con la candidatura.
Estas acciones de Hipólito las entiendo como erróneas porque MVM se ha fortalecido en el tiempo transcurrido. El año pasado su poder era precario. Sin embargo las actuaciones de sus contrarios le han hecho ganar en imagen y ascendiente. MVM no es un orador que conquiste, ni sus relaciones con sus públicos se caracterizan por el encanto o magnetismo de otros líderes más; se le ve como hombre comedido, prudente, razonable y firme en los principios de su partido. Son conceptos de alto valor en los sectores conservadores.
Las bases del PRD están como el público del colosseo. Aplaudirán al gladiador vencedor.
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