viernes, 23 de agosto de 2013

El pasado viste la nostalgia


Envuelta en los grises tules del pasado cada cierto tiempo, la nostalgia sale de ronda. Exhibe sus invisibles rasgos de melancolía. Otros días su sensación del mundo es más azul y viste de añoranza. Nadie nunca sabe de sus cuitas o los momentos de sus visitas. Es más presente cuando forzosamente nos alejamos   por largo tiempo  de todo lo vivido y  apreciado. Las mayores visitas son a la casa de  nuestra cultura,  gusta desplegar los olores de nuestros sazones y entremezclar platos en la habitación de las comidas;  duerme la siesta en la alcoba de los amores;  baila en la sala de la música y disfruta en la pantalla ideal con todos nuestros juegos. 
En algunos casos la nostalgia  nos produce ensoñación. Nos quedamos quietos y los ojos se van en  descanso. La respiración se aletarga y el corazón late con los pies descalzos. Quizás nos estacionemos  en un solo momento o rostro. Es un cine mudo sin colores ni entorno.  Quedamos tiesos acurrucados en ese hueco sin domicilio que viola el espacio y el tiempo. Es una bola de humo sin forma que no siempre es dolorosa pero siempre liviana. Quisiéramos aniquilar la nostalgia, pero es volátil y casquivana. Saciarla es eliminar esa sensación que es única y totalmente propia. Nadie puede tocarla. La nostalgia es de nadie más.
No obstante, se hacen esfuerzos por compartirla.
El sábado día 24 un grupo de nostálgicos le saldrán al paso a la nostalgia. Se vestirán de fiesta en el parque de El Faro de la Ciudad Colonial. Otra  versión de la misma penitencia. El encuentro de tanto pasado se torna en algazara. Es un jubileo. Rostros que una vez fueron lozanos y lampiños ya están surcados de tiempo y canas. Las ilusiones no envejecen.  Los niños y adolescentes pretéritos irán con sus herencias biológicas a que traten de ver lo que es imposible. Sus calendarios son otros.
Este encuentro   de los residentes  y natales añejos  de la Ciudad de las Campanas y zonas aledañas nuevamente recibe la ponzoña de sus vivencias. Los que aún permanecen en la tierra se unen a los más jóvenes para libar y entonar un callado canto  de esperanza. Al final nos diremos, hasta el año que viene.

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