jueves, 22 de agosto de 2013

Pacto Alejandro Grullón


Si los actuales encuentros entre los líderes perredeístas terminan en unidad tendrán que ponerle al pacto “Alejandro Grullón”. El veterano banquero habrá logrado una vez más hacer magia más allá de la vida financiera. El componedor, gestor, mediador o enlace ha sido Alejando Grullón. Según mis fuentes, antes de la reunión en la casa de recreo  de Soto Jiménez, el pasado viernes, hubo otras dos reuniones.
Me cuentan que Alejandro Grullón les razonó que la vida nacional los necesita a ambos, pero que deben manejarse unitariamente. Amigo de ambos, logró convencerlos de reunirse. Distensión. Relajos de fondo sobre una partitura seria. El banquero sabe que las tensiones afectan la vida social y económica. Hipólito y Miguel son empresarios y comprenden bien ese aserto.
Lo desplegado por Alejandro Grullón es un gran servicio a la unidad perredeísta. Pero no es soldador. Los convocó y los dejó listos para que confeccionaran su agenda. La gestión de unirse en una sola fuerza política corresponde a ambos. No es sencillo. Hay un pasado borrascoso. Los  dimes y diretes han acampado durante un largo trayecto; envolverlos con un capotazo de Manolete reclama mucha destreza. Quizá no es tan fácil hacerle una verónica a ese toro  de Miura que es Hipólito. Aunque se han hecho diligencias.
Una de estas iniciativas fue desarmar en dos el encuentro de mañana. Hipólito quería estar en la misa de la iglesia Las Mercedes para conmemorar el 158 aniversario del fallecimiento de José Francisco Peña Gómez, pero allí estará Miguel quien no quiere dar pie a juicios concluyentes de la unidad que está en ciernes. El guapo de Gurabo encabezará el ceremonial del Cementerio Cristo Redentor. Como símbolo físico del fenecido líder estará en ambos encuentros su viuda, Peggy Cabral.
Se construyen dos espacios para que no se vean chispas de las fricciones que laten todavía. Se cree que los representantes de cada bando estarán presentes en todos los eventos. Que se vayan alineando como una sola escuadra. Eso sería lo ideal de una película rosa. Pero son perredeístas. No hay lugar ni momento sagrado. Cualquier cosa puede pasar de aquí hasta después de allá.
Mientras tanto, desde la elevada torre de su banco, Alejandro Grullón se preguntará: “¿En qué parará esto, habrá merecido el esfuerzo?“.

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