Como Luis Abinader es un león con sus propias garras, debe actuar como un tigre de la política y no dejarse influir por lo que diga una encuesta. Claro, tiene que estar más chivo que una guinea tuerta con estas reuniones entre los dos grandes del PRD que obviamente buscan cerrarle el paso. Su figura va corriendo por la vía franca. Lleva viento de cola porque las confrontaciones son ajenas a su imagen. Quizá ya se cansó de ampararse en la sombra de Hipólito, más todavía al saber que se baraja el nombre de Carolina Mejía, su hija, para acompañar a Miguel Vargas.
Para Abinader el tramo no es realmente accidentado. Bien aprovechado podría lanzarlo como la nueva opción mientras los demás se siguen batiendo agresivamente. Él conoce al PRD y sus dirigentes; sabe que la propuesta que llevó el respetado César Sánchez (en nombre de Hipólito) a MVM y que fue la agenda de la reunión recién pasada, es una intención, no compromiso. Y si hasta los matrimonios quiebran, qué no decir de la palabra. Este acercamiento puede terminar otra vez como la fiesta de los monos y él ser el disc-jockey.
Estimo que sobrevaluó sus fuerzas al rechazar sostener una reunión con MVM o quizás se dejó influir por la encuesta que lo pone en lugar cimero; tal vez pensó que no habría una reunión entre los dos grandes adversarios. Es hasta posible que entendiera que si es invitado y consultado por el presidente de la República, Danilo Medina, ya está en las grandes ligas de la política y amerita otro protocolo. Abinader no debe dejarse deslumbrar por la luz de los relámpagos. Aún es chico en los números del partido.
Las conversaciones entre Hipólito y Miguel lucen como una jugada del ex presidente Mejía que no tiene muchos caminos. Hasta donde sean sinceras las apuestas solo los saben ellos. El árbol de la unidad tiene muchas espinas y las huestes de Abinader están anotando los pinchazos. Además, el joven empresario y político aunque carece de tasa de rechazo, no debe meterse en pleitos de elefantes.
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