La Junta Central Electoral tiene un tollo en las manos con la cédula de identificación personal.
El documento, necesario por demás para todas las actividades, es reclamado en modificación pero nada ocurre. Ante tales momentos siempre pienso en los intereses. Hurgo e insisto en trepanarme. Bato los jugos cerebrales en busca de respuesta y nada. No encuentro intereses que se opongan a la confección de un nuevo documento.
Hace años que se inició la búsqueda de los datos para la elaboración de la cédula, que incluyera unas huellas digitales más o menos confiables que permita identificar a la gente seria. La captura de los datos biométricos fue más intensa, quizá en apariencia, que la búsqueda del Cipango. Al final estamos en el inicio del laberinto. O en el final del círculo. Nada en las manos.
Pretextos de todos los calibres brotan y el problema sigue. Falta la voluntad política. Estamos en espera de que roben la identidad del presidente Medina para que dé un golpe de mano y ordene. Todo lo queremos dejar al Ejecutivo. Como los adolescentes. Queremos independencia pero cuando suben los gastos que se haga cargo papá.
El problema de la nueva cédula no es un tema de tecnología. He visto cédulas falsas que parecen más legítimas que las legales. Ahí, en las narices de todos está la solución. No es privatizar el documento. Sencillamente buscar el auxilio de los expertos. Tenemos que proceder como los fabricantes de antivirus. Fabricar los virus o contratar a quienes los hacen. Los falsificadores de cédula tienen la habilidad y la experiencia para acometer la tarea con decisión.
Leonardo Di Caprio encarnó a un falsificador que fue usado con éxito por el Gobierno de los Estados Unidos como empleado. No ha sido la única experiencia pero la cito. Es una cuña del mismo palo.
Está claro que necesitamos una cédula para identificar a la gente seria. Los pillos saben cómo burlar a las autoridades.
A nivel mundial la falsificación de todo tipo de documentos es una industria. La tecnología es cada vez más barata y facilita la labor de los empresarios del delito. Hacer una licitación internacional entre emprendedores delincuentes nos podría proporcionar un documento idóneo.
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