Uno de los escollos que tiene la unidad de los perredeístas es la existencia de las tendencias. Ese mal es viejo y difícil de erradicar. Hace décadas definí los tres partidos como empresas y el PRD es una por acciones. Todos y cada uno de sus miembros, (que no son militantes sino dirigentes), son propietarios.
Otros matices se dan en las dos tiendas políticas de mayor clientela. El reformista era compañía de un solo dueño. Éste murió sin dejar testamento y sus herederos se pelean y se agrupan según vaya el mercado político. El PLD es como si fuera una sociedad en comandita donde los accionistas son los miembros del Comité Político.
Debido a la gran amplitud de socios del PRD ellos se agrupan entre los gerentes de mayor pegada, porque todos quieren tener empleo y derivar beneficios rápidos de su inversión en la actividad de la compañía. Para los fines conforman partidos dentro del partido, como si las siglas fueran una confederación. Periódicamente esas simpatías mudan de casa y los que eran aliados se tornan enemigos irreconciliables. Esa otra cualidad que tienen las tendencias perredeístas: todas las contradicciones se convierten en antagónicas. Hay un desperfecto en el manejo de las diferencias.
Esta vía antigua, que nunca conduce al camino de la victoria, es transitada de forma tozuda.
El PRD entero debe buscar la asesoría de un oftalmólogo. Mejor si es político. El partido blanco sufre de una profunda miopía, quizás complicada con ambliopía y astigmatismo. Tiene una mezcla al definir el objetivo y dificultad de ver clara las cosas más próximas. Incluso a veces pierde de vista los colores que le adversan. En ocasiones confunde el aliado táctico con el enemigo estratégico, y viceversa. En una de esas ocasiones confundieron el rojo con morado y perdieron la oportunidad del poder.
Tampoco perciben que las arrebatiñas, disputarse las posiciones a la garata con puños, alejan los votos de los conservadores sin partido. El “qué me importa a mí” campa por sus fueros. También el Ego actúa y en la actualidad cada grupo del PRD tiene su gabinete. Todos se ven como funcionarios del Gobierno. Vieron una camisa en la tienda y otra que le van a regalar. Y como creen que tienen camisas, no se ponen a trabajar para comprarlas. Prefieren pelearse.
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