Los activistas reformistas siempre externan su agradecimiento al doctor Joaquín Balaguer.
Son agradecidos y con mucha razón. Les dejó a todos una franquicia política para navegar con donaire y ventajas en la política nacional. Aún con Balaguer vivo hacían jugosos acuerdos.
Balaguer fue un político hábil. Todo el tiempo estuvo vinculado a los manejos del poder. En los pocos años que estuvo fuera del gobierno, gobernaba. Ser oposición era una forma de influir en el acontecer nacional.
El líder reformista tenía un solo y único pasatiempo: el poder. Lo ejerció a diferentes niveles, y para llegar, mantener o regresar, usó todos los mecanismos a su alcance. No tenía vergüenza, reparo ni cortapisas. Este expresidente de la República hacía lo que tenía que hacer cuando tenía que hacerlo.
Uno de sus trucos políticos fue la designación de los congresistas. Él escogía los candidatos. Muchas veces eran personas sin simpatías electorales pero tenían la fuerza del dedo balaguerista y sus recursos. Esto lo hacía con una misión clara. Era el dueño de los congresistas. Propietario absoluto de esas voluntades que torcía en la dirección que él quería cuando debía hacer las negociaciones políticas. También este control impedía que cualquier gobierno pudiera adueñarse del voto reformista.
Por eso siempre retuvo poder. Los gobiernos del PRD no socavaron esa fuerza. La usaron con la anuencia de Balaguer, sobre todo para incentivar la lucha interna del partido blanco.
Otro truco del bolsillo del mago Balaguer fue la reforma electoral para que el ganador fuera del 50 por ciento más un voto. Ese veterano y marrullero sabía de lo difícil que es alcanzar esa tabla para un partido. Conocía a su archirrival. El PRD es grandísimo, pero aunque compactara a todos los partidos internos que lo integran no lograría llegar a la meta. El partido blanco y cualquier otro estaban forzados a la negociación.
Además de su nombre, que no tiene reclamos familiares, Balaguer les dejó como herencia a los reformistas una franquicia para negociar. Los traberos del gallo colorado se han percatado de su valor de mercado. Han ido solos en alianza o fragmentados como aliados. El PRSC nunca ha sido partido mayoritario, pero cualquier coctel político los tiene que llevar como ingrediente.
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