viernes, 23 de agosto de 2013

Julio de 1961


Me parece estar mirando mi primer encuentro político público. Esa primera e inolvidable vez en que fuimos a la calle El Conde, frente al parque Colón a ver a los exiliados que traían al país un partido político democrático. Yo quería ver si ellos eran distintos a los demás dominicanos. Pensaba que eran superhombres porque desafiaban la tiranía y vivían para contarlo.
Mi padre vivía exiliado en Venezuela y  ellos lo representaban. Incluso eran más importantes para mí porque habían vivido en la patria de Bolívar. En mi joven mente se mezclaban la admiración hacia ellos y la desconfianza. No eran revolucionarios de verdad. Eran los dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano pero eran otro tipo de revolucionarios, no eran revolucionarios jóvenes, de la izquierda. Lo que estaba de moda  era el fidelismo.
Esos días de julio de 1961 era una fiesta. La gente se atrevía a salir a las calles en grupos. Aún en el país gobernaba la estructura militar y política trujillista encarnada por su hijo Ramfis Rafael Trujillo Molina y Joaquín Balaguer. Intentaban quedarse y reprimían a destajo, pero ya a la Era le había llegado su cuarto de hora.
Para nosotros la propaganda política eficaz era la violencia revolucionaria para acabar con el imperialismo yanqui y sus títeres como Rafael Leonidas Trujillo. El PRD era una avanzada de las ideas políticas pero más suaves. Ya habíamos probado  lo que entendíamos como acciones  revolucionarias.
Los jóvenes teníamos nuestra propia versión de la libertad. Enfrentamos a las turbas trujillistas de Balá que intentaron penetrar a Ciudad Nueva y la Zona Colonial;  espantábamos  a los calieses en riñas callejeras. Atacábamos las casas de los sindicados como representantes de la tiranía. Nuestras primitivas armas eran las cadenas de bicicleta para golpear a los espías políticos. En estas acciones se obtenía una que otra arma corta.
Miro hacia atrás y ese punto luminoso de la llegada del PRD al país resalta. Veo claramente al profesor Camino Rivera subido en un banco para  despotricar contra los remanentes de Trujillo. Fue una sorpresa tener a nuestro joven maestro como orador de barricada. Todos esos días fueron de alboroto y muertes. La represión intentaba frenar el entusiasmo.
Los embajadores del PRD fueron recibidos por el clamor popular. Con ellos Iniciaba el período de elecciones presidenciales democráticas.

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