viernes, 23 de agosto de 2013

Junio de 1959


La primavera del año 1959 puso colores de sangre en las montañas  dominicanas. Un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades unió en acción sus deseos de libertad. Procedentes de Cuba orientaron su brújula libertaria hacia las estribaciones, retando al combate el aparato militar trujillista. El resultado es historia. Esta aparente temeridad marcó el fin de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo.
Trujillo había retado al concierto internacional y su egolatría le impidió ver que le cerraban un dogal del que los norteamericanos tenían un cabo. Su gestión estaba agotada y la geopolítica había cambiado para su fatalidad. La revolución cubana era fuente inspiradora de las luchas democráticas en el  Continente pero también una alerta a las fuerzas despóticas que se sustentaban o tenían aliento en Estados Unidos.
La invasión de tropas irregulares a República Dominicana no fue sorpresa para el régimen trujillista, mas no sucedió así con el impacto hacia lo interno. Trujillo logró una aplastante victoria militar pero perdió políticamente. No pudo percibir cómo esta acción, este martirologio, encendería una llama que sólo dos años después se apagaría con balas en la carretera del Sur el 30 de mayo.
La revolución cubana impactó a Norteamérica. Un cambio de gobierno a 90 millas de sus costas y ellos no tenían el control. Era pavoroso. Esa invasión a República Dominicana en junio del 59 obligó a los estrategas del Tío Sam a ver más allá. Trujillo, además de ser un obstáculo a la penetración de sus inversionistas también era un imán para la desafección interna. Hubo que disponer movimientos de las piezas internas para hacer un arreglo conveniente. Descabezar la tiranía era la meta. Muerto el perro también la rabia. La lucha por el control de las zonas  entre soviéticos y norteamericanos no podía tener a Trujillo como pared. Alentaron su liquidación. La geopolítica indicaba el cambio controlado, barriendo lo que se opusiera a Estados Unidos, sin importar que fuera democrático. Aunque Juan Bosch era una pieza conocida, más confiables eran los agentes de la Embajada. Los perredeístas eran incapaces de ver cuál era la política de aliados.
La década de los 60 fue de mucha turbulencia mundial. En la República Dominicana la sangre siguió tiñendo de rojo las cuatro estaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario