Una mañana escuché, queriendo, la conversación entre tres jardineros. Uno de ellos prefería tener un BMW, el otro decía que su primer paso hacia su carrito era comprar una moto y el otro tajante afirmaba que en este año se monta. Al margen del aspecto económico, esta cumbre de aspiraciones me llevó hacia uno de los grandes problemas que tienen difícil solución y es el tema del transporte. El automóvil se apoderó de la vida metropolitana. Comodidad, status, movilidad, cual que sea la motivación, la verdad es que la vida urbana pertenece al vehículo.
Y esta realidad tiende a crecer en el tiempo. Si ya es difícil, cierre los ojos mirando hacia adentro la circulación citadina en los próximos cinco años. Espesa, ¿verdad? Tapones a todas horas, protestas, mayor nivel de agresividad, inversión de más tiempo para llegar al trabajo o la casa. Esto es, un descenso en la calidad de la vida. El ciudadano de a pie anda a la defensiva.
Está comprobado que paliativos como limitar a pares o nones la circulación, incentivar a que viaje más de uno en el carro, prohibir la importación o cambiar los horarios laborales han sido insuficientes para descongestionar las vías.
El aumento de la circulación es, además de fuga de divisas por la importación de vehículos y partes, contaminación de las vías por congestionamiento y emisión de gases, mayor inversión en combustibles, y caldo de cultivo para accidentes y la violencia consecuente.
Podemos mirar para otro lado, pero el problema está ahí y la posposición en la solución solo agrava esta enfermedad urbana. El Gobierno tiene muchos y variados temas que atender. Somos los ciudadanos los que debemos presionar a la toma de acciones de carácter estratégico.
En ciudades como Londres se paga peaje para ingresar. En otras se ha aumentado el uso de buses. También se ha combinado metro y buses. Hasta la bici ha reclamado su espacio. La esencia de este soliloquio es si dejamos la ciudad al vehículo, y únicamente vemos soluciones al tema del transporte o lo vemos en conjunto y buscamos alternativas que hagan más vivibles las ciudades.
Alguien dirá que falta mucho para cinco o diez años, que hay problemas más urgentes. Podemos comenzar por hacer un metro por período de gobierno para ir descongestionando las calles. Me conformo con poco.
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