Cuando se inauguró el edificio de la Corporación de Empresas Estatales (Corde), en la Avenida Winston Churchill, el director de la misma le dijo al presidente Joaquín Balaguer, quien había acudido al acto: “Presidente, aquí tengo una línea telefónica directa con su despacho para cuando quiera darme alguna instrucción”. El mandatario replicó: “No sé por qué usted hizo ese gasto, porque sabe que yo no hablo por teléfono.”
Yo, joven reportero, tomé eso como un boche disimulado. Al paso del tiempo entendí que había algo más en ese mensaje. El doctor Balaguer, el Presidente de la República no hablaba por teléfono. Él sabía de una estación de la Dirección Nacional de Investigaciones que operaba en la Compañía Dominicana de Teléfonos, con la misión del espionaje telefónico. Los que estaban en esos menesteres tenían carta blanca. Todos los ciudadanos podían y eran víctimas de sus operaciones.
Ayer se supo que la agencia de prensa Associated Press (AP) ha denunciado ante el Departamento de Justicia de los Estados Unidos que el año pasado autoridades federales habían espiado a sus reporteros y oficinas interviniendo sus líneas telefónicas. El Departamento de Justicia hizo estas intervenciones para investigar presuntas revelaciones de información gubernamental clasificada. AP califica la acción como una injerencia masiva y sin precedentes. Los acusados todavía no han dicho nada.
La queja de la principal agencia periodista norteamericana suena más a lamento que a nada. Es como descubrir el hilo en bollito. Las agencias gubernamentales espían a todo el mundo. Más ahora en los Estados Unidos donde se han reducido los derechos ciudadanos por el tema del terrorismo. El espionaje es un arma de seguridad. El uso de la inteligencia es preventivo. Está en uso desde hace mucho y no tiene límites. Además es un negocio lucrativo incluso cuando se aplica al plano sentimental.
En este mundo actual donde la privacidad murió y le hicieron un entierro de pobres, quejarse de espionaje es llover sobre lo mojado. Uno de los blancos más recurrentes del espionaje son los periodistas porque manejan mucha información que a veces solo se habla por teléfono porque no se puede difundir. Y una cosa puede llevar a la otra.
Imagino, ahora que el tema está en titulares, que deben estar espiando para determinar quién en Dominicana hizo un pasquín, que aún no he visto, pero dizque está muy caliente.
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