jueves, 22 de agosto de 2013

Son otros los tiempos


Todavía en el aire hay olor a pólvora del cañonazo del presidente Danilo Medina. Su pieza, declamada en el escenario de la Asamblea Nacional concitó aplausos, algarabías, emoción y también sabor a hiel. Hubo dos bandos. Hay dos bandos. Esto es natural. Cada quien a lo suyo. Dice el pueblo que por la plata baila el mono. Aquí se discute sobre oro. Estamos ante una confrontación de intereses. El tema requiere de una disección.
Recién salido el país de la caverna que impuso el régimen trujillista, los antitrujillistas que olieron el poder por poco tiempo, se aliaron en conspiración y se llevaron por delante la democracia que decían gustar. Acusaron a Bosch de comunista. El ambiente de aquellos tiempos era de macana y botas. Ese discurso que defendía el interés común, esa política  del “ovejo era comunismo puro”. Hubo un golpe de estado que provocó una guerra patria. Lección que no se olvida. El comunismo ya no es tema.
La confrontación con la Barrick no provoca asonadas ni acusaciones destempladas. La gente entiende que una relación de negocios es ganador-ganador. Es la única fórmula ganadora. Las partes deben recibir utilidades en proporción. El inversionista genera empleos, invierte, hay que protegerlo. Si sus negocios sufren por cambio de la situación internacional el estado concurre con su sombrilla. La algazara actual no es más que producto del mismo estado de derecho. Podemos protestar. 
El Conep defiende a la Barrick, otros empresarios disienten. No es un pleito. Cada quien a lo suyo. Esas empresas que tienen su día a día con el público al granel saben pierden con la alteración del orden. La prensa, los tribunales, los escenarios de la democracia se iluminan con los focos de la ley. Hasta un tribunal especial existe para confirmar si hay buena conexión.
En última instancia, hay que ponerle música a la interrogante que bailotea en los cerebros: ¿De quién es el oro? Esa podría ser la copla.

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