jueves, 22 de agosto de 2013

Aquí no hay corruptos


El tema de la corrupción es poli direccional como la rosa de los vientos. Es que se dirige en todas las direcciones. Se anida, incuba de todos los nidos. No importa coronas ni partidos, sotanas o uniformes, sexo o color de piel, país o villorrio. Corrupto tanto podría ser banquero como artesano, juez o medico dental; la transnacional o el colmado. La ejerce quien vive en el país de las candilejas,  o en el sin fama.
De corrupto se viste todo el que sale a la escena del mundo, con  una gama amplia de acciones antisociales. Es tanto el que la practica como el que induce. La corrupción pero tiene algo en común: descompone, corrompe, destruye y daña. Es una plaga que está en todas partes y carece de vacuna. Es una enfermedad autoinmune.
El serio de hoy podría ser el gran corrupto de mañana. Entre  corruptos  no se pisan los callos, se tratan con mucho cuidado. El ciudadano que  hace bravatas de seriedad es posible que ya esté picado por el virus y no lo sepa. Esa pequeña envidia que anida en su corazón, quizá en breve destello, puede degenerar en una gran afinidad con el dinero ajeno, la calumnia o el cohecho.
La actualidad noticiosa entinta escándalos por doquier. La corrupción es una pandemia.
En Europa se ve que la corona española  no pudo evitar que la corrupción se filtrara por debajo de la puerta del palacio real y allí se taló la presencia de uno de sus vinculados, en franca admisión de culpabilidad aunque falte condena. En Alemania un ministro de educación plagia para obtener un título académico, en Estados Unidos el jefe de la archimegasuper discreta  CIA es atrapado con los pantalones abajo y otro general, socio suyo, ya lo tenía quitados. Entre los políticos dicen que ya esto es endémico. 
Son casos por doquier, hasta el Papa, humano consagrado a la oración es despedido con los fuegos de artificio de la corrupción. Las medidas jurídicas no de bastan. Que tomen el ejemplo de nuestro país. Aquí no hay un solo corrupto. Busquen y preséntenme pruebas de alto nivel. No me hagan perder el tiempo. A mí que nadie me hable de control de la corrupción.

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