La decisión es seria. Muy fuerte porque arremete contra estructuras muy antiguas en el tiempo. Es muy firme pero me da risa. Destapona mi hilaridad como pluma que camina por mis costillas. El procurador procura un régimen de igual en las cárceles. Quizá él no sepa en la sociedad que todos somos iguales, pero que algunos somos más iguales que otros. El magistrado Brito es un hombre bueno. Nunca ha pisado un penal salvo en rol de abogado. Estoy seguro. Está embargado de buenas intenciones pero olvidó que donde hay sangre, sudor o lágrimas, hay dinero. Hospitales, funerarias, cárceles. Toda una industria que se nutre de lo mismo. El sufrimiento aguijonea el bolsillo.
Al iniciar mi vida como reportero denuncié el incipiente consumo de drogas. Una persona era mi confidente de los puntos que se vendía marihuana. Este personaje era vendedor y cuando pregunté qué ganaba con provocar a la policía me dijo sonriente: “Estoy sacando del medio a la competencia. Además, mientras menos haya más cara se vende”. Tal es la situación de las cárceles. El abominable régimen carcelario crea las condiciones para que la corrupción brote como hongo tras la lluvia. Por eso me da risa que se quiera eliminar los privilegios en las cárceles. Quizá dure algo. Luego la prebenda será más cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario