Al Presidente Chávez se le estima o rechaza. Es amado o despreciado. Independientemente de cómo se valore su gestión, el mandatario ha realizado una gran labor de mercadeo político. Llama la atención y se comunica fácil con los de abajo que son mayoría, votos del mismo valer que los ricos. Ha hecho lo que nunca se hizo, la petroayuda. Por eso mantiene un cómodo margen de ventaja. En el tapete político de Venezuela existe una candidatura opositora que le da color al torneo pero que no logrará arrimársele, salvo que la supuesta enfermedad haga una aparición fatal. Este tema, no obstante, nadie lo toca.
Hugo Chávez tiene un gran peso en la política mundial y se sabe que tiene aliados sólo interesados en la mano generosa; otros no se acercan por temor a los poderes imperiales sin excluir los que extienden la mano mientras miran para otro lado. Otros agradecen su solidaridad. Muchas iniciativas de alianza, colaboración o apoyo dependen de la victoria de presidente venezolano. Para varias naciones las de Venezuela tienen más importancia que las elecciones norteamericanas. Mientras, pienso en Dan Rather. El veterano periodista afirmó en mayo que el candidato oficialista por su enfermedad no vería los resultados de los comicios del día 7 de este mes. Una temeridad. Como yo al vaticinar una victoria.
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