jueves, 22 de agosto de 2013

Adultez Jurídica


Los jóvenes de estos tiempos caminan por  las calles bajo un nutrido fuego sexual. La insinuación perdió su virginidad. Ahora es a las claras que se canta a la copulación. Radio, televisión, cine, revistas, periódicos todos a una. A la caza del pudor, a violar las mentes que luchan en la guerra de las hormonas. La moda es más directa. Los jeans delinean curvas hasta en una tabla. Es por todos lados que la sexualidad desborda. Es un fenómeno occidental, es cierto, pero no todos tenemos el mismo nivel de acceso a la información sobre cómo manejar las consecuencias. Ni las enfrentamos igual.
La cuestión de la educación sexual es tema permanente. Es imposible tapar el sol con un condón que se expende en el colmado como otros estimulantes sexuales que se usan a diestro y siniestra sin importar la edad o la presunta discapacidad eréctil. La cruda realidad es que en los sectores más populares concurre con mayor frecuencia que niñas pasan a ser mujeres por el solo hecho de estar preñadas. Un desliz, un choque momentáneo con la identidad masculina les deja una huella perpetua que bien se pudo eludir  con una asesoría y un pequeño plástico.  Es imposible pensar que es invisible la ola sexual que sacude el mundo. Cuando los polluelos empluman se alistan para el vuelo. Y luego vuelan.

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