Las declaraciones de Maríñez que aseguran tener una demanda del CEN perredeísta para enjuiciar y expulsar a Hipólito Mejía, Geanilda Vázquez, Orlando Jorge Mera y Andrés Bautista ofrecen una versión de que el antagonismo toma otro curso. Tal parece que ha llegado el momento de poner fin a las polémicas y conductas que se mecen desde hace meses en la mecedora política. Cualquiera cree que se rompió la taza. Ha llegado el momento del pulso. Se verá ahora quién acumuló fuerzas durante los enfrentamientos, en cuál de los dos bandos el estiaje hace reseña. A vuelo de pájaro se podría advertir que Mejía ha sido el más afectado toda vez que acumuló nombres que buscan ser dirigentes del PRD. Para continuar con sus metas se quedarán en el Partido. En el trayecto los Niní (Ni con Hipo ni Mike) que agrupa una parte de éstos, se apartaron un poco del segmento y han dejado el pleito entre las rudas rivalidades. Como en espera de cuál será cadáver para tomar otros riesgos. Se puede asumir que en estos meses de paciente espera, casi estoica, Miguel Vargas Maldonado entibió las aguas para cocinar a Hipólito a quien podría haber atrapado en las redes del compromiso callado. Seducción bajo cuerda. Antes se podía pensar que no había suficiencia de méritos para justificar una acción de liquidar las cuentas, o faltaban tropas para el asalto final. Las declaraciones recientes apuntan a que el trabajo interno ya se hizo. La red, como un cepo parece que selló su objetivo. La expulsión de Hipólito no lo saca de los medios. Quizá empañen su aspiración presidencial. Lo que nos viene a la mente es el papel que jugarán los viejos robles y roblas. ¿Serán compañeros de viaje de la sedición o buscarán un apeadero fabricado con el dúctil material de la excusa? De todas formas, no es éste un buen regalo navideño para Hipólito y su grupo.
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