Varias veces se ha puesto en discusión el día que ocupará en el calendario el destinado a los Santos Reyes. No es el momento de indagar si eran reyes o astrólogos; si eran de oriente u occidente; si desde el principio reconocieron en Jesús el líder de la humanidad o de los judíos. El tema es que la Navidad es para los niños el regalo. Los adultos tienen el asueto y la jarana. Es ya una fiesta comercial. La Roma imperial celebraba el diciembre la fiesta en honor a Saturno (Cronos). Al finalizar los festejos se regalaba cosas a los niños. Los turcos con su Nicolás de Mira, que sería con el tiempo el europeo Papá Noel o el Santa Claus (versión americana del Sinterklaas que llevaron los holandeses fundadores de Nueva York) también acogieron el estilo de los niños y sus regalos.
La cuestión es, que se trata de los mitos y las ilusiones. Los que fuimos niños teníamos el calendario como el mapa para llegar al Día de Reyes. Comercialmente es más productivo tener dos fechas de regalos. Ya se ha suplantado el Día del Niño por Santa; los Reyes están cercados por el tiempo y la economía. El dinero se agota antes de enero; los niños casi retornan a la escuela. Se debía buscar una salida al tema para quedar en el ánimo del cristianismo.
En algunos países europeos critican al poderoso Santa por su penetración cultural y suplantación de los Reyes Magos. Esta es una fiesta comercial, como ya ha devenido la Semana Santa. El poder de los países grandes y sus modelos se calcan en los demás. Una forma de casar la realidad con lo comercial, una medida que se podría tomar, es la vuelta al Niño Jesús para el día 25 de diciembre o mover la fecha para que los Reyes entreguen con el Nacimiento. Es adecuarse a los tiempos. Ya hasta el Papa twittea.
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