Guillermo Moreno tuvo un sueño. Se vio en un debate presidencial contra Leonel Fernández. Estaba dormido en un colchón Primavera 2016. Era todo confuso porque realmente se encontraba en un estrado, pero ya no era fiscal del gobierno leonelista pero estaba al lado de Domínguez Brito, y juntos escuchaban a Leonel explicar la inversión estatal.
Se maravillaban de la oratoria del mandatario. Iba bordando con hilos retóricos un dibujo en alto relieve de la gestión gubernamental. En algún momento la sonrisa afloró a sus respectivos labios cuando escucharon que el líder del PLD los felicitaba por la magnífica oportunidad que le brindaban para explicar nuevamente todo lo hizo como Presidente.
Ellos dos habían fabricado una tribuna especial que Fernández aprovechaba en toda su dimensión. Ya antes Leonel y Félix Bautista habían ensayado la pieza bajo la administración de Hipólito Mejía con notables votos posteriores. Esas experiencias hacían que Fernández fuera más amable con Moreno-Domínguez. Había salido más fortalecido con su actuación en el sainete presentado en justicia.
Guillermo Moreno no podía creerlo.
Él soñaba que se podía encaramar a la misma altura de Fernández, pero la banqueta tenía un truco, hacía más alto a su contrario que iba creciendo más aún. Esto ya no era un sueño. Era una pesadilla anticipada.
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