Quizá la culpa devenga de mi infancia cuando me arrobaba frente a los que abogaban en los estrados del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva; o, nada, que soy chapado a la antigua y no manejo los códigos comunicacionales de los actuales procesos democráticos para entender el piquete de los jueces solidarios en apoyo de dos magistrados puestos en descanso por la Suprema Corte de Justicia, bajo la acusación de fallas en la aplicación de las leyes.
Soy devoto de los maestros. Otra falla de niñez. Antes los maestros eran segundos padres. Admiro a los sacrificados del saber hasta más no poder. En la protesta de los jueces veo a maestros actuales. Están enseñando que los jueces no son más que unos empleados de Corte que se ganan la vida a como dé lugar sin guardar forma ni apariencia.
Acusar no es probar y los venerables de la SCJ tienen sus procedimientos. Los solidarios pueden recurrir a la ley y no al triste ejemplo de piquetear, vociferar, acusar, increpar. Los jueces tienen un estatuto. Ellos mismos le deben un respeto a la majestad del derecho. Olviden que una vez fueron soldados 011 en la UASD.
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