jueves, 22 de agosto de 2013

Miguel, el Imán del PRD


En plantilla de medias, como en busca de que nadie se percatara de la acción, llegó Jorge Mera a su local en el PRD. Iba a un encuentro no publicado con Miguel Vargas Maldonado. Más que cita a ciegas porque ellos se conocen de más, parecería una partida como se juega el póquer: con las cartas boca abajo; aunque todos sabemos que hay agenda prevista, cada quien repartirá a su estilo cuando le toque. No obstante conviene recordar que Miguel ahora es la Casa.
Jorge Mera ha jugado bien sus cartas hasta ahora. Cruzó a la facción de Hipólito cuando le soplaban vientos de  cola. Ya  recoge el velamen en este viaje a pleno día, a las claras; es de noche que las goletas aprovechan el terral, y quiere que Miguel borre del cuaderno bitácora las andanzas en otros mares. Ha comprendido que el Imán ha ganado las batallas, y como Silvestre, se arrima a Piolín calladamente. Se ignora si es avanzada de facción, desertor de la misma o Caballo de Troya. El paso es correcto. El PRD tiene que unificarse y plantar la cara y en eso él gana puntos. Él es parte del inventario nominal y responsabilidades a cargo tiene.
Hay lecturas de este primer encuentro. Miguel muestra ser un Titanic que aprendió a dejar a la deriva el bloque de hielo, y Jorge Mera vio que seguir luchando contra la corriente lo dejaría más “despeluñao” que mata de Moringa en parque público.  

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