Para combatir el tedio durante mi estada este verano en Massachusetts, hube de ir a marotear por el condado de Harvard.
Era una réplica de lo que hacíamos los adolescentes de la Ciudad Colonial que íbamos al ensanche La Primavera (que se incluye como parte de Gazcue) Mata Hambre y la Ciudad Universitaria que son ahora Ensanche La Paz y UASD. En esta visita conocí de la existencia de Juan Semilla de Manzana que era el alias de una especie de ermitaño religioso que promovió la siembra de esa fruta en varios lugares de Norteamérica.
Una historia curiosa tiene el tipo. Pero el caso es mi maroteo. Colecté manzanas de varios tipos, melocotones y ciruelas. La camisa se me enchumbó de jugos frutales.
Los comí a dos carriles. ¡No es lo mismo comerlas con ansia y gula maduras de la misma planta! Allí también bebí jugo de manzana fresco.
Tomarlo un poco más añejo embriaga.
En la plantación objeto de mi escarceo había variedades de manzanas. Los cosecheros saben las características de cada una. En los mercados te las venden exhibiendo sus propiedades. Aquí tenemos mangos en muchas variedades pero desconocemos sus diferencias. Cuando maroteábamos abatíamos las mangas (le dábamos de piñazos hasta que se ablandaban) y nos tomábamos el jugo. Son fragantes los banilejos, más grandes los guerreros, los de “a libra” son pulposos. El Ministerio de Agricultura debía premiar las cosechas del año de cada variedad. Degustaciones.
Sus usos! Mango, qué rico el mango, eh eh eh!
No hay comentarios:
Publicar un comentario