jueves, 22 de agosto de 2013

Chivo sin ley


No puedo ocultar que Hipólito me encanta. Siento una enfermiza predilección por su actuar y su forma de hablar. Es directo, cortante y punzante. A veces creo que tiene un canal directo entre el cerebro y la lengua. Sus ideas caen en vivo y directo. Escupe verdades como si fueran saetas. Cierto es que a veces estas flecha hacen blanco en las costillas y dan cosquillas, provocan risa. Pero ese es Hipólito. Siempre igual. No baraja un pleito. Todo el tiempo viste ropa de pelea. Nació para boxeador y se equivocó de profesión.
Ignoro si es igual en todos los altibajos de la vida, pero en cuanto a su militancia política hay que convenir que se maneja como chivo sin ley. Eso de estatutos, organismos y cortes son zarandajas que no van con él. Digan lo que digan, su idea es la ley. Hipólito Mejía debe tener su propio calendario, su propio reloj y una red social para su propio uso y manejo. Nadie le pauta agenda. Los asesores se mueren de hambre y sus adversarios comen furias porque lo ven ir y venir como espectro político, tal si fuera un perdonavidas a quien es imposible detener. Hipólito me deslumbra. También me hace reír. Alfredo Freites

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