jueves, 22 de agosto de 2013

Un cordón invisible


No he encontrado explicación a los vínculos entre nuestro país y Venezuela. Me han contado que los aborígenes aquí asentados procedían de esos litorales. Después de la época colonial, cuando Duarte viajaba con pasaporte  haitiano, los más adultos se  querían unir a los esfuerzos de Bolívar. Mi abuelo plus altura, Buenaventura Freites, el venezolano  que estuvo con las tropas de Mella en el trabucazo, era un armador que hacía negocios con los Duarte. Cuando las cosas se complicaron  se llevó a Juan Pablo,  llevándolo a vivir a Vela de Coro, Venezuela.     
 Las relaciones han surcado los tiempos y se han mantenido, se han ensanchado algunas veces también se han complicado. Aquí  y allá vivieron los exiliados  huyendo a dictaduras, como Rómulo Betancourt y Bosch. Los nacionales de uno y otro país  involucrados en las luchas libertarias han encontrado apoyo en nuestros países. En la actualidad vivimos una mezcla de simpatías políticas sobre Venezuela y también un crecimiento inversiones económicas  aquí por ciudadanos de ese  país. El presidente del grupo Banesco en el país, Jesús Benedicto Díaz, me puso a pensar en los orígenes de la familia. Mi padre murió exiliado en Venezuela y otros venezolanos entregaron aquí su sangre. Hay un cambio. La vida democrática impulsa el apoyo por la vía comercial, como también hace Hugo Chávez. Seguimos vinculados, pero aún ignoro cómo se ha mantenido este contacto con un país de Suramérica.

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