El camino que emprende la Asociación Dominicana de Profesores es el mismo que han trillado directivas anteriores desde hace décadas. La acción más fácil es suspender la docencia. Los desvalidos estudiantes no pueden reclamar a los educadores. No está a su alcance enrostrar el daño que sufren a manos de los que emprenden el absentismo como si fuera un castigo contra los pobres. Alejan el pan de la enseñanza a la encarnación del futuro. Amplían la brecha intelectual entre pobres y ricos.
Las huelgas de la ADP van dirigidas exclusivamente contra los que carecen de recursos para pagarse una educación de mayor nivel. Esos son los pobres. Los colegas de clase de los maestros. Dicen que las clases no se traicionan pero en el país se muestra este fenómeno con toda esplendidez, pobres contra pobres. Un registro alto de la indolencia. Una actitud de olímpico desprecio de la realidad de la educación nacional.
En este país todos estamos con los maestros. Queremos, reclamamos, pedimos, rogamos por una mejoría de sus ingresos y de las condiciones de trabajo. Eso es una cosa. La otra es apoyar que el magisterio, liderado por los políticos insensibles que tienen por guarida a la ADP, utilice a los pobres en su juego de carambola contra el gobierno. Usan el taco de la huelga para golpear a los pobres. Los hijos de machepa son las bolas del juego de billar que emprende el educador.
Entre las prioridades que tiene la Nación en materia de educación no sólo está la nivelación del sueldo magisterial. También está la construcción de planteles. Cada día nacen niños que deben ser educados. No obstante, el sector magisterial únicamente ve sus intereses inmediatos. Ni siquiera se preocupan por ser creativos y sensibilizar a la población con la justeza de sus demandas. Se descuelgan por las vacaciones en días y horas laborables.
Los que lucharon por el cuatro por ciento para la educación trabajaron para el inglés.
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