Algunas veces conoces personas que viven en un lugar por obligación. Porque no pueden de otra. También sabes de otros que la situación social les obliga a ser exiliados económicos pero llevan su bandera por doquiera que van. Ambos son ciudadanos con el mismo gentilicio que nacieron en países emocionalmente distintos. Aquí tenemos personas que para nada se enteraron del Bicentenario del Nacimiento de Juan Pablo Duarte. Son esos que carecen de orgullo nacional. Lo mismo les da una cosa que otra.
Si el Gobierno o sus estamentos responsables han tenido una tibia celebración del Mes de la Patria, tenemos cada uno de nosotros que hacer nuestro propio homenaje. Es una obligación para que luego no riamos avergonzados con la chica aspirante a reina de belleza que admiraba a Juan Pablo Duarte porque gracias a él se descubrió América.
La Patria es un tema de todos. Y de todos los días. Cómo vamos a tener mejores ciudadanos si no sembramos el ejemplo en nuestras propias casas.
La escuela forma. Sin embargo no es sano dejar todo el peso de la educación a los maestros, a los planteles. El Gobierno debe influir en la educación, pero a veces lo que están en el manejo de la cosa pública, que controlan el erario, entienden que gastar en esos temas de exaltación de nuestros valores es dinero perdido. Para qué culparlos de abúlicos, si ignoran que esta apatía tiene consecuencias posteriores.
Algunos que están viviendo en este país tienen su corazón sin raíz. Para esos la Patria es solo un espacio donde termina la digestión.
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