La sorprendente renuncia del Papa al poder es una lección de desprendimiento. Benedicto XVI con su carta además insinúa el futuro: Debe ser un hombre con juventud quien continúe su mandato para enfrentar los retos que tiene por delante la grey católica.
El hombre que vive en su cuerpo se adelanta a la muerte. No espera que la parca deje sin cabeza su postulado. Quiere dejar en buenas manos las sandalias de pescador de almas. Tendrá la oportunidad de influir en la selección del más diestro para su relevo. Es la primera vez en siglos que un pontífice se retira a las buenas. Un cambio sin la mancha de la violencia de otros papados. El relevo tendrá un asesor en el patio vaticano.
Benedicto XVI no tiene el carisma de Juan Pablo II y su ministerio enfrentó problemas mayores. Hizo el trabajo de relevo con un apostolado sacudido por sacerdotes abusadores que mancharon el papel de la iglesia; personas de su confianza airearon los problemas internos sacando a la luz documentos privados; El manejo de las finanzas vaticanas se puso en tela de dudas. Demasiadas cosas negativas, que aún no terminan, para un cura alemán de vocación conservadora. Sin embargo traza rutas, dice a los futuros papas que deben ser suficientemente lúcidos para poner a la Iglesia por delante de la persona.
El relevo tendrá que enfrentarse a un mundo de rápidos cambios donde los errores salen de inmediato a la opinión pública. La católica ve una competencia agresiva de otras vocaciones cristianas; Vive con sacerdotes que demandan el matrimonio; mujeres que reclaman igualdad de género, que quieren postular y ser investidas.
A partir del día 28 el Papa estará rezando por el buen gobierno de su sucesor. ¡Qué lección!
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