Hace más de medio siglo pero tengo la memoria clara la tarde de ese 20 de octubre de 1961 en la ciudad colonial. Ese día culminó a golpe de metralla el primer enfrentamiento popular de la juventud contra los remanentes del trujillismo encabezado por Joaquín Balaguer y Ranfis Trujillo. Yo era un niño pero respaldaba el reclamo de fuero y autonomía (que no sabía lo que era) para la Universidad de Santo Domingo y pedía la eliminación de imágenes y estatuas del tirano. Esa mañana nos juntamos en el restorán La Cremita y acumulamos piedras y trozos de las tapas de los contadores de agua para continuar la lucha callejera que sosteníamos desde días atrás. Era mi barrio y participaba de todas las jornadas de protesta. La zona colonial, llamada Ciudad Nueva, era la capital del antitrujillismo. Éramos del 1J4, vedinegros. Jóvenes embriagados de libertad. Nos apostamos en todos los techos próximos al parque Independencia. Esa tarde el enfrentamiento comenzó en la Arzobispo Nouel con Palo Hincado. Un grupo de poliguaridas avanzó por la calle Espaillat con Conde. Otros marcharon por la Sánchez y ocuparon, para disparar, hasta el hospital Padre Billini. Fue una matanza. Una muchachada rodeada por la represión, sin escapatoria. Hasta los bomberos actuaron con mangueras y escaleras en la faena persecutoria. Los heridos eran lanzados desde los techos. Los que eran atrapados, golpeados sin consideración. Cientos de jóvenes llevados a prisión. Otros murieron sin registro. La noche fue tenebrosa. Mientras en su casa de la calle Nouel velábamos a Tirso Roldan Almonte, en la radio Balaguer elogiaba la Policía por su ejemplar conducta cívica.
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