Que nadie piense que lo de la Barrick Gold es un tema fácil. La empresa, que tiene problemas en otras latitudes, hizo su plan de ingresos contando con el arreglo que había arreglado con los arregladores.
La historia previa de este contrato está guardada en un relicario de oro comprado con dólares políticos que es uno de los mejores y más eficientes lubricantes.
Claro que cuando se hizo el rosario no contaron con las cuentas que tienen que contarse ahora.
Que nadie piense que el Señor del Maletín estaba muerto, sólo estaba de parranda.
La actual administración gubernamental tiene una escasez de efectivo y en vez de salir a buscar prestado escarba en su alcancía. Hubo una promesa de no tocar ese depósito; dizque había un compromiso con ese dinero para dentro de tres años. La necesidad tiene cara de hereje. Esto ya es de cuartos en mano y fondillos en tierra. A los danilistas les encanta el refrán de “¡Ahora es!”.
La gente de la Barrick podrá añorar los tiempos pasados, cuando las mineras tumbaban gobiernos. Pero no es recomendable pelearse con los gobiernos cuando las cosas se pueden resolver de otra forma. En el tranque de Aduanas parece ser que Tongo le dio a Borondongo. Con todo y guardias, la orden está ahí. El pare de los embarques fue rotundo, más busco que el freno de emergencia.
Sin embargo, creo que en el pasado administrativo hubo leyes topes para el tema de las exportaciones para que el Estado obtuviera mayores beneficios. Tendré que apelar a la memoria de elefante de Aristófanes Urbáez para que lidie con mi alemán cerebral y me ilustre sobre el tema. Todos los que están del lado de la Barrick, que no son pocos, lo que deben hacer es preguntarse una sola cosa: ¿de quién es el oro? A partir de ahí se inician las conversaciones.
En la exportación de doré hay modos de saber cuánto de oro hay en cada embarque para que no “cubeen” al Estado diciendo que van 98 de plata y 2 de oro cuando podría ser al revés. No acuso. Sólo pienso.
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