jueves, 22 de agosto de 2013

¡Habemus Papam!


Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa. Ahora se llamará a este cardenal Francisco I. Él pide que le llamen sólo Francisco. Tendrá que lidiar con los problemas que tiene por delante la Iglesia Católica. Este jesuita, el primero que escala con sus sandalias de pescador el solio papal, es también el primer latino que representa en directo a la comunidad católica regional.
A este Papa le espera la papa caliente de las reformas y de las confrontaciones.
Los intereses a lo interior de la Iglesia son muchos. Se han colado hasta el público. No son tiempos de obediencia ciega por los creyentes ni de acusaciones alegres para anular opositores. Al abandonar el poder Ratzinger deja un mar encrespado. Las filtraciones de papeles secretos obedecen a esta misma lucha interna que tiene una investigación secreta cuyos resultados serán ahora de la incumbencia del papa Francisco.
En la lista de atención están las dificultades con los manejos financieros y la pedofilia; temas tan humanos y urticantes como el divorcio, aborto, métodos anticonceptivos y el matrimonio de los sacerdotes, amén de la participación de las mujeres en la Católica. Además de la preocupante penetración de otras confesiones cristianas. Los cardenales son escogidos por los papas precedentes y este es otro tema de discusión. Al escoger un latinoamericano descendiente de italianos se cierra la brecha.
El mundo católico, cuya mayoría está por esta zona, vive un gran momento. El nuevo pontífice cae liviano, es un hombre con trayectoria de ayudar a los pobres. Como obispo argentino en temas candentes se ha manifestado tajante en contra. Ha desatado polémicas. La Católica es una estructura muy vieja y los cambios serían lentos. Será cuestión de tiempo.

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