Cuando se anunció la creación del Tribunal Superior Electoral pensé que sería otro anaquel del huacal estatal. Me puse a pensar que los jueces que lo integrarían eran conocidos hombres de acción con experiencia en la vida doméstica. Me ofreció confianza el rol. No eran ignorantes a quienes podrían confundir un gato por liebre, aunque a veces la miopía política impida ver el tamaño de las orejas. Lo que ha evacuado este tribunal, hasta ahora, me luce atinado. Firme sin ser rudo. Tajante sin ser grosero. Suave sin aparentar componendas.
El TSE, en lo que entiendo de sus sentencias, busca que los partidos resuelvan sus contradicciones a lo interno con la acción democrática y el cumplimiento de las leyes. Así lo hemos observado con las soluciones aportadas a los partidos Reformista, Revolucionario Dominicano y ahora al Revolucionario Institucional. En los tres casos los temas siguen calientes pero se ha demostrado al liderato político que pasaron los tiempos de la acción sumaria, del despido medalaganario.
Lo más sonado atañe al PRD. Aún sigue el golpe de bolsón. Un grupo va groggy por el escenario político, tocando todas las esquinas y sin escuchar el gong de que el tiempo de lucha terminó. En el Reformista hubo bravatas, un escozor de rabia enrronchó la piel de algunos dirigentes, pero Amable y su corte ahí están como la Puerta de Alcalá.
Lo nuevo es lo del PRI. El partido de Majluta, que se ha ido atomizando por las luchas internas, volverá a convencionar. Nuevamente el TSE devuelve la pelota al play pero con un árbitro de nivel como es la Junta Central Electoral, para que nadie haga “capú”. Se trilla el camino de la ley.
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