jueves, 22 de agosto de 2013

Decente salario docente


Cada quien tiene su maestro favorito en su memoria. Es y ha sido tan importante que aún los maestros podrían imitar a quien fue su mentor. Ese el docente quien nos abre la caja de caudales del conocimiento; nos pone los peldaños para subir la escalera de la ilusión con la literatura y la historia; nos forma con las cívicas y nos enseña a maldecir en silencio las matemáticas. La generación que peina canas guarda buenos recuerdos hasta de los que nos dieron uno que otro piñazo.
Los profesores “óáñez” con su pela inglesa; Margarita muy delgada pero con unos dedos fuertes para subirte el cerquillo; Beatriz con su voz que traspasaba las paredes de la escuela Luisa Ozema; el curioso profesor Andújar con su estilo volátil de inquirir sobre las clases; Octavio Ramírez Duval siempre atildado y de hablar atinado, fluido y correcto.
Nos parecía muy alto (Papilo Lalane decía que era tan fuerte que aún siendo flaco la brisa no impedía que fuera a las clases). Recuerdo muy bien a la profesora Heredia y sus clases de música, a los profesores de deportes Díaz y Blanco, al rector Castaños Espaillat. Podría hacer un reporte sentimental de esta casta de padres alternativos que marcaron nuestra infancia, como todos a cada cual.
Siempre apoyo a los maestros en sus demandas salariales. Son lo principal de la educación. El agua del río llamado conocimiento. Son los primeros ejemplos de autoridad y de imitación. Los tiempos cambian y también la enseñanza. Así como varia nuestra percepción del docente cuando alcanzamos mayores niveles en la escuela, también los conocimientos que demandan los alumnos.
El docente debe estar mejor preparado. Tiene que tener mejor salario para dedicarse a tiempo completo a esta profesión forjadora de mentes. También debe ser más creativo en sus demandas y no chantajear usando a los alumnos como escudo. El fin no justifica los medios.

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