jueves, 22 de agosto de 2013

Cristiano país


Estamos en el cumpleaños de la Patria. Un país que se retrata en su escudo de armas. Dios, Patria y Libertad dice su blasón y explica cómo somos y porqué somos. República Dominicana ocupa el lugar de primacía en la religión romana. Aquí se asentó y desde aquí partió la cristianización del resto del continente. Somos el caldero para la fusión de tres razas. Hogar de los Colón. Embrión del trazado urbanístico regional. Voz de los esclavos indígenas. Punto de encuentro de los osados marineros que conquistaron América.
Ser el punto del embarque del oro secuestrado y de la madera preciosa  para decorar los palacios; alambique tropical para el ron de piratas; espacio sin estaciones con una agricultura posible todo el año. Estas prendas y muchas más, marcaron  al país como una ruta preferida; la avenida para la  travesía al nuevo mundo de los europeos.
República Dominicana nace bajo el símbolo del cristianismo, el pez. Un país pisciano. Tranquilo, que soporta hasta más no poder, con gran capacidad de perdón y olvido (que aparenta haber roto sus vínculos con el vudú, mas este  recorre clandestino sus hemisferios emocionales y baila con atabales el sincretismo), tiene a Dios como norte; que donde quiera que esté uno de sus nacionales lleva la patria por dentro y que su lucha por la libertad es el rojo e su bandera. La sangre derramada recorre toda su historia y tiempos.
Es una nación que tiene la República por nombre y Dominicana por apellido. Los dominicos le donaron su identidad y heredó  dos capitales con nombres del  religioso Domingo de Guzmán. Este peñón de las Antillas, ubicado en la ruta de los huracanes, con su variedad de microclimas y gente alegre con desborde de  afectos;  que recuerda al abuelo en su trato con el extranjero que fuera él. Esta nación que tiene el blanco en la oreja de  su mestizaje está de cumpleaños. Y nosotros con ella.

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