Cualquier mujer que sostiene relaciones puede confesar que la llegada de la regla es regocijante o decepcionante; si quiere o no quiere hijos. El coito viste de placer el objetivo de la naturaleza que es la preservación de la especie. Hay un mandato biológico que atrapa y enloquece, sobre todo al hombre que es el sembrador. En estos días se incluye en el Código penalizar el aborto. Una visión machista y deshumanizada. Ninguna mujer desea interrumpir su embarazo. Son las circunstancias las que mandan. Persiguen que una mujer que ha sido secuestrada, herida y violada sea además condenada a reclusión por querer abortar y borrar ese episodio.
El tema del aborto es de índole privado y de sensibilidad social. El Estado no debe generar más niñas-madres; hijos marginados, mujeres penalizadas por un error cometido cuando las hormonas se revolotean. Todo este articulado castigador va en contra de la mujer, y no impedirá la práctica del aborto.
Sobre todo en las que no tienen muchas alternativas por su juventud o indefensión. Acusamos una falta de educación sexual y protección social. Es injusto aumentar el desamparo de la mujer.
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