jueves, 22 de agosto de 2013

Semana de precaución


Estamos ya en la semana trágica. Cada año lo que nos arroja como suma es una estadística sangrienta. Sí fueron más o menos los muertos que el  pasado. Los organismos oficiales se empeñan. Los vacacionistas no hacen caso. Los voluntarios, miles de ellos, dejan de disfrutar para socorrer. Los que están de asueto aceleran el pedal. Es una frontera de servicio y temeridad.
Es una fecha que cubre además de lo religioso, las vacaciones primaverales.
Quiérase o no, ya se entronizó en nuestras fechas estacionales. No obstante, nadie acepta ese balance anual que llena de luto muchos hogares;  que en vez de buenos recuerdos, marca aniversarios de la desgracia. Los padres, las esposas, los hijos, todos nos quejamos cuando el duelo  nos toca.
En estos días el corazón de los mayores está en un puño. Muchas mujeres rezan. Todos se encomiendan. Son muchos los que claman por protección para los suyos. Mas la desgracia sobrevuela. Es ave carroñera que se nutre de los sordos, de los audaces, de los atrevidos. 
Se puede hacer de todo, decimos a los vástagos. Con medida, naturalmente. Pero sabemos que son oídos sordos. También fuimos iguales. Tuvimos suerte. Sobrevivimos. Qué tragedia ser padres en estas fechas donde tantas cosas pasan. Muertes y mutilados se empeñan en conformar una estadística luctuosa. Qué se puede hacer, decimos todos.

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