En un periódico fundado por José Martí en Estados Unidos, se publicó que el objetivo del Partido Revolucionario Cubano era luchar por la independencia de Cuba y Puerto Rico. Era adelantado 1800, y las dos alas antillanas seguían atadas a España pero los norteamericanos, bajo cuerda, buscaban abatir la presencia hispánica en esta zona.
A finales de siglo XIX, en el acuerdo de París los derrotados españoles cedieron Borínquen a Estados Unidos que sumaron la isla al naciente imperio pero con cierto desapego. Era un estado no incorporado y por tanto no disfruta de todos los beneficios de los otros. En 1917 el Congreso aprobó la ley Jones que concedía a todos los puertorriqueños la nacionalidad norteamericana como una especie de compensación de la que hasta Joaquín Balaguer se benefició.
Los borinqueños no han tenido soberanía y se debaten entre República o formar parte legítima de la familia del Tío Sam. En las últimas elecciones votaron para integrarse; decir adiós al estatuto de Estado Libre Asociado. Los puertorriqueños, una ligera mayoría, definió la situación. Quieren ser el estado 51 de la Unión. Habrá que modificar la bandera y los textos de historia Made in USA.
La historia puertorriqueña, no sé donde pondrá a Blanca Canales, Lolita Lebrón a Pedro Albizu Campos y a todos los de ese linaje independentista si se vertebra la anexión. Sin embargo tengo el pálpito de que los americanos no están con esa calcificación. La geopolítica se orienta más a temas de comercio que de ocupación. O será más bien por una cuestión de costos. No veo clara la definición.
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