En las elecciones políticas ocurren cosas curiosas.
Sucede que a veces hay más de un ganador, con o sin fraude. Se compruebe o quede la duda. En las presidenciales del 2008 Miguel Vargas llevó al PRD a ganar el lugar número en la boleta; el PRSC ganó un espacio entre los grandes partidos del sistema al obtener más del cinco por ciento y Leonel Fernández ganó la presidencia de la República. Así vistas las cosas hubo tres ganadores.
Se logró la conformidad repartida.
Ese es el tipo de elecciones que quiere cualquier país.
Todos felices. Cada grupo político llevó el trofeo que acomodó sus esfuerzos. Algo parecido si uno quiere verlo así, acaba de ocurrir en Venezuela.
Hugo Chávez retiene el poder y Henrique Capriles, por su alto porcentaje de votos, ganó el título de líder de la oposición. Su juventud lo hace acreedor de un amplio futuro político. Este político ha logrado para la oposición venezolana un compactador de voluntades.
No estoy convencido de que el abanico de adversarios del Presidente Bolivariano pueda aglutinarse, dadas la cantidad de egos y ambiciones que campan a todo lo ancho y largo de esa nación. No obstante se podría pensar que en algún momento puedan fundirse y hacer un verdadero frente común.
Por el lado de Chávez se observó que la enfermedad retrasó su participación en la campaña y ascendió a Nicolás Maduro a la Vice, quizá en preparación del nuevo liderazgo. Es evidente que en Venezuela las elecciones dejaron varios ganadores. Un necesario balance.
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