lunes, 7 de octubre de 2013

Tres islas, canción rock


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
Un viejo periódico fundado por José Martí, que se editaba en New York, me recordaba la misión del Partido Revolucionario Cubano: luchar por la independencia de Cuba y ayudar con la de Puerto Rico. El vetusto ejemplar colgado de mi oficina se me restregaba en los ojos. Tenía fecha de 1895, un siglo XIX que tenía el embarazo convulsivo de una nueva era. La publicación cubana era otra broma que nos jugaba el destino. El Caribe era otra vez pieza de rompecabezas. Pugna de imperios.
Dominicanos y haitianos habían tomado caminos separados. Puerto Rico y Cuba estaban en  rebeldía contra España. Mi bisabuelo había estado de puesto diplomático en La Habana y conocía los malestares. Trasladado aquí anotó en su diario  los  avatares de él y su amigo Próspero de Marchena atosigados por Lilís. El tirano jugaba dos cabezas con España y Estados Unidos.
Santo Domingo también era escenario  de los  juegos pesados de las potencias.
España era un imperio afectado por una arterioesclerosis coronaria y Norteamérica tenía apetito por Cuba, que está a 90 millas de la hispánica  Florida. Una carta enviada por Estados Unidos, para finales de 1800 le reclamaba al Gobierno dominicano no inmiscuirse en el conflicto cubano. El Tío Sam aislaba  a España.  El Siglo XX fue de surgimiento de nuevos imperios,  como Rusia.
Y como tal ocurrió. Las tres caribeñas islas pasaron a las manos americanas. A la Hispaniola enviaba invasiones cuando los títeres o  militares no funcionaban; con Puerto Rico montó  una relación de querida  y Cuba pasó a ser el cercano prostíbulo.
Cuando Cuba erigió su  socialismo artesanal mantenido por Rusia, hubo temblores de tierra en la zona. La mafia amante  de  lo hispánico convirtió a Las Vegas en el paraíso de “las cosas de adultos” y  la lucha imperial tuvo sus más o menos. Contra viento y marea los americanos continúan atracando en Guantánamo.
El mundo ha crecido. Se guardan más las formas. Las relaciones comerciales y financieras se camuflan sin que la esencia pierda su aroma de conquista. Ya tenemos un desencajado tratado de libre comercio con el amo que ahora desea   un atado de naciones. Afirmar  la posesión. El siglo XXI parió a China y Brasil está embarazada.
No obstante, en el Caribe  todavía los ciclones políticos vienen del Norte.

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