Eso de que más vale un mal arreglo que un buen pleito, nunca podrían ser las palabras de entrada en la Federación de Boxeo. La búsqueda de sus directivos es mejor entrenamiento y condiciones de ejercicio para sus afiliados. Jubilosos aseguran que “dar es mejor que recibir”. Lema de boxeadores.
Por eso, cuando vi en el Listín Diario que una reunión del Colegio de Abogados había terminado como fiesta de monos, lo primero que pensé fue que habían prestado el local a la Federación que agrupa a los pugilistas. Error desmedido el mío. Olvidé que aquello de que es mejor “un mal arreglo que un buen pleito” es solo una frase de venta, una pose para las escaleras del tribunal.
Los abogados insertos en la disputa, que para los fines diríamos riña con heridas contusas curables antes de los veintiún días, deben estar orgullosos de la hazaña. Lograron prensa. Como en sus días uasdianos. Ni más ni menos.
El enfrentamiento entre presuntos abogados deriva de las intenciones de grupos adversos por dirigir el Colegio de Abogados. Entiéndase, es lucha cuerpo a cuerpo por y entre amantes de la dirección de la institución. Aquí se desdobla otra expresión que reza, que entre dominicanos hay pocos boxeadores porque la mayoría está en lucha por la vida. Sin lugar a dudas que hay un cambio de roles.
Los que quieren dirigir el Colegio Dominicano de Abogados no se comportan como juristas ni siquiera como picapleitos. Estos últimos tienen como escenario los tribunales. No quieren verse reducidos de estatuto.
El ciudadano entiende un colegio de profesionales como especie de cenáculo donde doctas mentes baten y agitan los jugos cerebrales para hacer sesudas apreciaciones sobre leyes, decretos, sentencias y comportamientos estatales. Donde periódicamente uno que otro usa de sus salones para exponer magistral compendio de los intersticios de la marcha social y sus proyecciones en la generación llamada a conducir en el futuro los destinos patrios.
Pero nada que ver. Estos pancraciastas del gremialismo no han superado la etapa universitaria. Están en contra de la dictadura yanqui-balaguerista. Viven en el paleolítico inferior de la política. La modernidad es el consenso, no el disenso.
Es extraña esta confrontación. Actualmente los que viven ordeñando las siglas se reparten ordenadamente la burocracia. Se rotan en el masajeo de la ubre, con el permiso de los partidos.
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