lunes, 21 de octubre de 2013

Barbados en Boston


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
La población norteamericana estaba tan confiada en que el tranque presupuestario no era más que un juego de  intereses que dejaron su atención en los  deportes. El béisbol, los fútboles y el baloncesto copan la atención. Las Grandes Ligas se disputan el campeonato de zona y esto es toda una pasión. Estoy siguiendo de cerca las acciones de los Red Sox. Boston tiene  una afición legendaria.
Los peloteros se han amarrado  a una cábala. Creen que dejarse las barbas les dará suerte. Hasta ahora han atinado. Fueron el primer equipo en ganar en su división. Aquí nadie piensa que estos barbados son fidelistas. Tampoco creo que en su alineación haya algún cubano. Los Red Sox son el equipo con mejor bateo y quizá tienen la fórmula de Sansón aplicada a las quijadas.
Los bostonianos se han arrimado a la superchería y, aunque sea en broma, muchos se dejan crecer la barba y otros concurren al vetusto Fenway Park con barbas postizas. Hasta las niñas las usan  y algunas se atan el pelo debajo del mentón para lucir como los peloteros. Es  una chanza que se muestra en diversas actividades.  
Se puede adquirir en el comercio franelas con la alineación de los barbados Red  Sox y hasta dulces con las caras de su pelotero  favorito. Las mujeres usan esmaltes en las uñas para manifestar  su secta.
Los fanáticos no son agresivos, pero en los partidos no se ve otro emblema. Todo es Red Sox.
Es tal el sectarismo de los bostonianos que en la serie contra los Tigers de Detroit uno de los jugadores rivales conectó un cuadrangular por el centro derecho, que normalmente es un souvenir para los fanáticos, pero en gesto de desprecio devolvieron la bola al terreno de juego.  
Intenté adquirir un boleto para la Serie Mundial, por si Boston ganaba el campeonato de la Liga  Americana, pero se me quitó el deseo. Las entradas cerca de la cueva del equipo estaban en seis mil 300 dólares.
Otra superchería del equipo es la estatua  de un indio. Los jugadores lo cargan a todos los parques. Le llaman el “chief” a quien  le cuentan todos sus problemas de juego. Es un manager mudo.
Ya Boston ganó en la Americana. Veré la Serie Mundial con mi barba desde el sofá.

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