jueves, 3 de octubre de 2013

La Cámara come cuentas


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
Lo malo de la ley es que son textos secos, normativas que quieren igualarnos a todos en nuestra vida social. Dejan poco espacio a que las circunstancias se tomen  en cuenta. En la novela Los Miserables, Jean Valjean es condenado por robar para alimentar a los sobrinos. La crisis económica en Francia golpeaba, pero la justicia es ciega y no ve los atenuantes.
La famosa novela de Víctor Hugo, que recobra su dimensión de obra maestra en nuevos públicos como el cine y el teatro, tiene en el policía Javert el brazo persecutor del Estado. Solo los de piedra impiden que la trama les embargue el corazón y se les descuelgue por los ojos. La vida de Valjean es la de un hombre bueno marcado por la mala suerte.
Al ver el reciente informe de la cámara de cuentas sobre el ejercicio administrativo de los municipios, visualicé un Javert indolente y legal. Están cercando el uso privado  de los recursos públicos. La función de los cabildos no es subsanar la falta de empleos y robar fondos para dar de comer a las botellas. Eso lo veda  la ley.
Los ejecutivos municipales saben que llama mucho la atención pública cuando una nómina abundosa cuelga del cuerpo municipal como empellas en un flaco.
La cámara de cuentas ve la administración municipal con ojos miopes. La nariz de Pinocho les llama más la atención que sus actos. El títere de madera murió ahorcado por su inconducta pero las fallas detectadas con los fondos no pasan del texto frío que llame al perdón de los pecados.
Los alcaldes que distraen fondos públicos deben ser escrutados. Hay que impedir que los municipales se hagan ver como Creso y distraigan los recursos para fondear su hegemonía territorial. Me hablan de un síndico que será de largo ejercicio. Moja hasta cuando se baña en el jacuzzi que construyó anejo a su despacho. Ignoro si tiene empleadas para que le sequen.
Las nóminas de ayuda son altas mamparas que los ojos  de la CC eludiría si colabora con Temis. Estas auditorías podrían tener la fuerza dramática de Víctor Hugo, y quizá los cabildos no tengan el final de Jean Valjean  y sí el de Pinocho a quien convirtieron en chico bueno.

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